Posteado por: axaen | enero 11, 2010

“MALANDROS”

Venezuela, crimen sin castigo

Cincuenta personas mueren cada fin de semana en Caracas víctimas de atracos o ajustes de cuentas entre bandas de delincuentes. Son datos que manejan las ONGs que denuncian al gobierno porque la mayoría de crímenes quedan impunes y porque hace cuatro años que no publica cifras oficiales de los homicidios que se cometen en Venezuela. INFORME SEMANAL ha estado en algunos de los barrios más conflictivos de la capital donde mandan los “malandros”, las bandas organizadas que trafican con armas y drogas. Según datos del propio gobierno, en Venezuela hay entre 9 y 15 millones de pistolas y armas automáticas circulando por las calles. Son fáciles de conseguir, aseguran los propios delincuentes que acusan a policías corruptos de suministrarlas. La violencia es la principal preocupación de los venezolanos aunque siete de cada diez, según las encuestas no confía ni en la policía ni en la justicia para acabar con ese problema porque el noventa por ciento de los crímenes quedan sin castigo.

Ver el reportaje.

Posteado por: axaen | enero 5, 2010

MITOLOGÍA DE LA MOTO

REFLEXIÓN VISUAL SOBRE LA MITOLOGÍA EN TORNO A LA MOTO Y EL MOTORISTA, LA PERFECTA UNIÓN ENTRE EL HOMBRE Y LA MÁQUINA. EL CONTROL DOMINA LA INESTABILIDAD SOBRE DOS RUEDAS. LA SEGURIDAD DEL ACOMPAÑANTE. LA INYECCIÓN DE SEROTONINA SOBRE LA ADRENALINA DE LA VELOCIDAD. LA NUEVA TAUROMAQUIA.

Carlos Rodríguez.

Posteado por: axaen | enero 3, 2010

RAPA DAS BESTAS

Esta última imagen se incluye en el blog de El mundo de Aramon:

http://aramon.espacioblog.com/post/2008/06/18/rapa-das-bestas

Se puede consultar el video:

Rapa das Bestas Sabucedo.

Posteado por: axaen | enero 3, 2010

The battle of Issus

The battle of Issus

Posteado por: axaen | diciembre 31, 2009

Jacinto

La muerte de Jacinto en un cuadro de Jean Broc

” A ti también, Amiclida, te habría colocado Febo en el cielo,

si los tristes hados le hubieran dado tiempo para colocarte;

en lo posible, eres sin embargo eterno y, cuantas veces

la primavera rechaza al invierno y Aries sucede al lluvioso Piscis,

tantas veces naces tú y las flores en el verde césped.

A ti mi padre te amó más que a todos y Delfos,

situada en medio del mundo, se vio privada de su patrón,

mientras el dios frecuenta el Eurotas y Esparta sin murallas.

Ni las cítaras ni las flechas gozan de su favor:

olvidándose de sí mismo, no rehúsa llevar las redes,

sujetar a los perros o acompañarte por las cumbres de

una abrupta montaña, alimentando sus llamas con un largo trato.

Y ya Titán casi estaba en medio de la noche que viene

y la pasada, distando de las dos igual espacio:

alivian los cuerpos de vestidos, brillan por el jugo de aceite

grasiento e inician una competición con el ancho disco,

que Febo, tras equilibrarlo, lanzó el primero a los aires celestes

y hendió con su peso las nubes que se interponían;

volvió a caer tras largo tiempo el peso en la tierra firme,

exhibiendo una técnica unida a la fuerza.

Al punto, el Tenárida, imprudente y estimulado por la pasión

del juego, se apresuraba por recoger el disco, pero la dura tierra,

tras repeler a aquél con el peso, lo lanzó contra tu rostro,

Jacinto. El mismo dios palideció igual que el joven,

recogió los miembros caídos, reanimándote unas veces,

secando otras tus funestas heridas o sosteniendo

otras el aliento vital que huía aplicándote hierbas:

de nada sirve la técnica, incurable era la herida.

Como si alguien en un jardín regado destrozara violetas,

adormideras y lirios erizados de lenguas azafranadas,

aquéllas, marchitas, de repente dejan caer su cabeza pesada,

no se sostienen y contemplan la tierra con su cima,

así yace el rostro moribundo, y la cerviz, sin fuerzas,

es una carga para sí misma y se recuesta sobre el hombro.

‘Te marchas, Ebálida, despojado de tu primera juventud’,

dijo Febo, ‘y veo tu herida, mi culpa.

Tú eres mi dolor y mi crimen; mi diestra ha de ser inscrita

con tu muerte: yo soy el responsable de tu muerte. Pero ¿cuál es

mi culpa? A no ser que a jugar se le puede llamar culpa,

a no ser que también a amar se le pueda llamar culpa.

¡Y ojalá que se me permitiera entregar mi vida en tu lugar

o contigo! Pero puesto que debemos cumplir la ley del destino,

siempre estarás conmigo y quedarás en el recuerdo

de mi boca. En tu honor sonará la lira pulsada por mi mano,

en tu honor sonarán mis versos y como nueva flor imitarás

mis gemidos en tus escritos. Y llegará un día en que un héroe

muy valiente añádase a esta flor y será leído en la misma hoja’.

Mientras la verídica boca de Apolo expone tales hechos,

he aquí que la sangre, que derramada en la tierra había marcado

la hierba, deja de ser sangre y más brillante que la púrpura

de Tiro nace una flor, tomando la forma de los lirios, si no fuera

porque éstos tendrían un color púrpura y aquéllos de plata.

No es suficiente esto para Febo (en efecto, él fue el responsable

del honor): él mismo graba sus gemidos en las hojas y la flor

tiene la inscripción del AIAI, trazándose letras de luto.

Y Esparta no se avergüenza de haber engendrado a Jacinto;

su culto perdura todavía, y cada año retornan las Jacintias

para ser celebradas según las antiguas costumbres con una procesión”.

OVIDIO NASONIS, PUBLIO

Metamorfosis

Ed. Alianza.  Madrid. 2002.

LibroX: Canción de Orfeo. Pp. 308-309. Versísculos 162-219.

Flor del jacinto.

Más información en:

http://traslashuellasdelosdioses.blogspot.com/2008_09_01_archive.html

Posteado por: axaen | diciembre 31, 2009

ODA A FEDERICO GARCÍA LORCA

SI pudiera llorar de miedo en una casa sola,
si pudiera sacarme los ojos y comérmelos,
lo haría por tu voz de naranjo enlutado
y por tu poesía que sale dando gritos.

Porque por ti pintan de azul los hospitales
y crecen las escuelas y los barrios marítimos,
y se pueblan de plumas los ángeles heridos,
y se cubren de escamas los pescados nupciales,
y van volando al cielo los erizos:
por ti las sastrerías con sus negras membranas
se llenan de cucharas y de sangre
y tragan cintas rotas, y se matan a besos,
y se visten de blanco.

Cuando vuelas vestido de durazno,
cuando ríes con risa de arroz huracanado,
cuando para cantar sacudes las arterias y los dientes,
la garganta y los dedos,
me moriría por lo dulce que eres,
me moriría por los lagos rojos
en donde en medio del otoño vives
con un corcel caído y un dios ensangrentado,
me moriría por los cementerios
que como cenicientos ríos pasan
con agua y tumbas,
de noche, entre campanas ahogadas:
ríos espesos como dormitorios
de soldados enfermos, que de súbito crecen
hacia la muerte en ríos con números de mármol
y coronas podridas, y aceites funerales:
me moriría por verte de noche
mirar pasar las cruces anegadas,
de pie llorando,
porque ante el río de la muerte lloras
abandonadamente, heridamente,
lloras llorando, con los ojos llenos
de lágrimas, de lágrimas, de lágrimas.

Si pudiera de noche, perdidamente solo,
acumular olvido y sombra y humo
sobre ferrocarriles y vapores,
con un embudo negro,
mordiendo las cenizas,
lo haría por el árbol en que creces,
por los nidos de aguas doradas que reúnes,
y por la enredadera que te cubre los huesos
comunicándote el secreto de la noche.

Ciudades con olor a cebolla mojada
esperan que tú pases cantando roncamente,
y silenciosos barcos de esperma te persiguen,
y golondrinas verdes hacen nido en tu pelo,
y además caracoles y semanas,
mástiles enrollados y cerezas
definitivamente circulan cuando asoman
tu pálida cabeza de quince ojos
y tu boca de sangre sumergida.

Si pudiera llenar de hollín las alcaldías
y, sollozando, derribar relojes,
sería para ver cuándo a tu casa
llega el verano con los labios rotos,
llegan muchas personas de traje agonizante,
llegan regiones de triste esplendor,
llegan arados muertos y amapolas,
llegan enterradores y jinetes,
llegan planetas y mapas con sangre,
llegan buzos cubiertos de ceniza,
llegan enmascarados arrastrando doncellas
atravesadas por grandes cuchillos,
llegan raíces, venas, hospitales,
manantiales, hormigas,
llega la noche con la cama en donde
muere entre las arañas un húsar solitario,
llega una rosa de odio y alfileres,
llega una embarcación amarillenta,
llega un día de viento con un niño,
llego yo con Oliverio, Norah
Vicente Aleixandre, Delia,
Maruca, Malva Marina, María Luisa y Larco,
la Rubia, Rafael Ugarte,
Cotapos, Rafael Alberti,
Carlos, Bebé, Manolo Altolaguirre,
Molinari,
Rosales, Concha Méndez,
y otros que se me olvidan.
Ven a que te corone, joven de la salud
y de la mariposa, joven puro
como un negro relámpago perpetuamente libre,
y conversando entre nosotros,
ahora, cuando no queda nadie entre las rocas,
hablemos sencillamente como eres tú y soy yo:
para qué sirven los versos si no es para el rocío?

Para qué sirven los versos si no es para esa noche
en que un puñal amargo nos averigua, para ese día,
para ese crepúsculo, para ese rincón roto
donde el golpeado corazón del hombre se dispone a morir?

Sobre todo de noche,
de noche hay muchas estrellas,
todas dentro de un río
como una cinta junto a las ventanas
de las casas llenas de pobres gentes.

Alguien se les ha muerto, tal vez
han perdido sus colocaciones en las oficinas,
en los hospitales, en los ascensores,
en las minas,
sufren los seres tercamente heridos
y hay propósito y llanto en todas partes:
mientras las estrellas corren dentro de un río interminable
hay mucho llanto en las ventanas,
los umbrales están gastados por el llanto,
las alcobas están mojadas por el llanto
que llega en forma de ola a morder las alfombras.

Federico,
tú ves el mundo, las calles,
el vinagre,
las despedidas en las estaciones
cuando el humo levanta sus ruedas decisivas
hacia donde no hay nada sino algunas
separaciones, piedras, vías férreas.

Hay tantas gentes haciendo preguntas
por todas partes.
Hay el ciego sangriento, y el iracundo, y el
desanimado,
y el miserable, el árbol de las uñas,
el bandolero con la envidia a cuestas.

Así es la vida, Federico, aquí tienes
las cosas que te puede ofrecer mi amistad
de melancólico varón varonil.
Ya sabes por ti mismo muchas cosas.
Y otras irás sabiendo lentamente.

Pablo Neruda

http://www.neruda.uchile.cl/obra/obraresidencia2h.html

Posteado por: axaen | diciembre 13, 2009

LA PIEDRA QUE HABLA

A la edad de 50 años pensó en abandonar el andamio, el nomadismo, los cambios de temperatura estacionales y la inestabilidad que le había proporcionado a su hija, debido a los rigores del trabajo de restauradora del patrimonio histórico y artístico. Coincidió este pensamiento con la convocatoria de dos plazas a profesora en la facultad de Bellas Artes de alguna ciudad del Norte de Italia.”Preséntate”, le dijeron. Ella se debatía entre una plaza en restauración de pintura mural y una plaza para la asignatura de restauración de piedra. Podría haberse apuntado a ambas, pero prefirió sólo la de piedra donde la avalaban sus 25 años de trabajo. De mural apenas tenía conocimientos para impartir clases.

Sucedió que la persona que dejaba vacante la plaza de profesor en restauración pétrea se arrepintió de su decisión y volvió a ocupar su puesto, por lo que la convocatoria quedó anulada y ella, como otros tantos concursantes, quedaron sin aspiración. Ese suceso no le restó fuerzas.

Gente hubo que se le acercó y le recriminó el hecho de que no se hubiera presentado a la plaza de restauración mural, porque si lo hubiera hecho, estaría ya en la plantilla del profesorado de la Universidad, gracias a su trayectoria profesional y no se sabe a qué más oscuro aliciente. El argumento de nuestra restauradora era que no poseía conocimientos suficientes para impartir esa asignatura. A lo que los otros le replicaron que podría aprender los conocimientos necesarios sobre la marcha, improvisando como han hecho muchos de los compañeros profesores. Ella remató a su interlocutor diciendo que era una persona de valores y que tal vez por eso no ha tenido muchos privilegios en la vida, ni riquezas. Tener los objetivos bien definidos, la clara convicción de lo que piensa y obra, le permitió aspirar como concursante a la plaza de restauración pétrea. Si hubiera accedido a lo que sus interlocutores le proponían, concursar y ganar la plaza de resturación mural, hubiera entrado en el mundo académico insegura y defendiéndose de ataques de sus compañeros a diestra y a siniestra por su baja cualificación para el puesto que desempeña. Posiblemente se vería obligada por inercia a ir aumentando las defensas a los ataques, con lo cual podría convertirse a la larga en una persona llena de inseguridades que está a la defensiva en todo momento y su carácter noble podría verse afectado. También cabe la posibilidad de que se alíe con las personas que también sienten su misma inseguridad y entre todos hagan un frente común, un círculo cerrado y hermético que los protegiera de los ataques provenientes de aquellos profesores mejor consolidados…

La experiencia en el mundo de las piedras le abrió la mente ante la obcecación y conjura de los ignorantes.

Carlos Rodríguez.

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco..

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.

¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

¡Guardo los vasos desechables!

¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!

¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!

¡Es más!
¡Se compraban para la vida de los que venían después!
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.

¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!
¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de… años!
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.
Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De ‘por ahí’ vengo yo. Y no es que haya sido mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el ‘guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo’, pasarse al ‘compre y bote que ya se viene el modelo nuevo’.Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no,  eres un arruinado. Así el coche que tenés esté en buen estado . Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!!  Pero por Dios.

Mi cabeza no resiste tanto.

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para pone r en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía ‘éste es un 4 de bastos’.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden ‘matarlos’ apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: ‘Cómase el helado y después tire la copita’, nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo,pegatina en el cabello y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la ‘bruja’ como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la ‘bruja’ me gane de mano y sea yo el entregado.

EDUARDO GALEANO, periodista y escritor uruguayo.

La cobardía hace la pregunta: ¿es seguro?
La conveniencia hace la pregunta: ¿es política?
La vanidad hace la pregunta: ¿es popular?
Pero la consciencia hace la pregunta: ¿es correcto?
Y llega un momento en que uno debe tomar una posición que no es ni segura, ni política, ni popular. Pero uno debe tomarla porque es la correcta.

Martin Luther King


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